En 1947, transcurridos apenas dos años de haber sido creada, la ONU intentó resolver el peligroso abandono en que quedaba la “Palestina del Mandato” (Británico) resultado de los acuerdos secretos Sykes-Picot (Reino Unido y Francia, en mayo de 1916). Entonces era para repartirse (lo de “bienes de viuda”, como formato, le calza) los territorios árabes que integraban el Imperio Otomano al terminar la guerra iniciada en 1914 (y con su final que no se sabía ni cómo ni cuándo). Claro que franceses y británicos se adelantaron dos años antes de la caída del Imperio Otomano.
Francia (Picot) eligió Siria y Líbano y el Reino Unido (Sykes) apuntó a Palestina. Reparto secreto. Y como era necesario “ganar la guerra” se incentivaba a los árabes de la región para que colaboraran militarmente en todo a cambio de lo cual les aseguraban la independencia de un extenso territorio árabe. Factor operante y exitoso entre los árabes el mítico Lawrence de Arabia que operó como estratega militar, ignorante sin embargo de los acuerdos secretos Sykes-Picot que, al conocerlos, derrumbaron su ánimo abandonando la gestión pública.
Occidente inventó el M.O.
El Medio Oriente o “Cercano Oriente” para los europeos, es un dibujo de las potencias colonialistas europeas. No es una conformación natural del desarrollo de las comunidades sino un diagrama imaginado y elaborado desde las metrópolis. En no pocas circunstancias las tendencias naturales de conformación de unidades homogéneas culturalmente fueron avasalladas por decisiones ajenas desde distantes centros de poder desde donde, además, conforme necesidades y conveniencias de la metrópolis, se dibujaban los pasos a seguir. No pocas veces manu militari.
La “Partición”
El origen del término surge de las acostumbradas gestiones del coloniaje inglés por aquello de la partition. Claro que pudo decirse separación, división, fragmentación. Como el asunto venía por las correntadas inglesas lo de partición fue consecuente. Claro que desde lo semántico no se duda sobre el significado pero no dejamos de pensar que suena fuerte aquello de la partición.
La Resolución 181 (II) del 29/11/1949 de la ONU proponía 56% para Israel y 44% para Palestina, la “Palestina del mandato” de la Sociedad de las Naciones al Reino Unido. Si bien desde el punto de vista del derecho internacional no tiene mérito para obligar, la Resolución 181(II) de la Asamblea General de la ONU que propone la creación de dos estados a partir de dibujar en un mapa los que correspondería a cada uno de ellos fue, sin embargo, incluida nada menos que en el acta de la declaración de independencia de Israel del 14/05/48. Allí leemos: “El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que disponía el establecimiento de un estado judío en Eretz Israel. La Asamblea General requirió de los habitantes de Eretz Israel que tomaran en sus manos todas las medidas necesarias para la implementación de dicha resolución. Este reconocimiento por parte de Naciones Unidas sobre el derecho del pueblo judío a establecer su propio estado es irrevocable. Este derecho es el derecho natural del pueblo judío de ser dueño de su propio destino, con todas las otras naciones, en un Estado soberano propio”.
Otro aspecto relevante para este análisis es la mención en la declaración de independencia israelí de la Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917 “y reafirmado en el mandato de la Liga de las Naciones que, específicamente sancionó internacionalmente la conexión histórica entre el pueblo judío y Eretz Israel y al derecho del pueblo judío de reconstruir su Hogar Nacional”.
Claro es que esta Declaración, brevísima (67 palabras) cita que el gobierno de Su Majestad (Reino Unido) contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de los mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo.” Sigue un texto que no se toma en cuenta, que es el eje de todo: “entendiéndose, claramente, que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país,”
Shimon Pérez Junto con Isaac Rabin y Yaser Arafat, Nobel de la Paz 1994 por los “acuerdos de Oslo”. De su libro Oriente medio, Año cero (Grijalbo.Barcelona-1993): “Como judío, puedo decir que la virtud, la esencia de nuestra historia desde los tiempos de Abraham y de los mandamientos de Moisés, ha sido una oposición sin compromisos a cualquier forma de ocupación de dominación o de discriminación”. (Del discurso en la Asamblea General de la ONU, en 1993).
Este oasis de política internacional que exhibe la gestión del ex primer ministro contrasta, y de qué manera, con la que lleva adelante el gobierno israelí. Que clausura lo que fue posible hasta hace unos años. La mesa de análisis, de negociaciones.
¿Quién opera en Israel?
Hay una sensación de que aquello que se analiza desde el derecho internacional respecto de la política que mueve a Israel a operar como lo hace, en alianza con los EEUU, contra Irán, por ejemplo, no está siendo asumido como lógico y apropiado. ¿Desde dónde? Desde el mismísimo gobierno israelí. No hay una línea recta que traduzca una política de sólidos basamentos ni por la seguridad del estado, el bienestar de su pueblo y la calidad de las relaciones con la comunidad de naciones del orbe. La soledad ruidosa en la que está inmerso Israel no es por fenómenos atmosféricos ni telúricos. Sí por los cuestionamientos a su política guerrera que desde infinidad de sitios viene siendo calificada de la peor manera. Rozar nuevamente con aquello de cuestionar como antisemitismo, así sea por opinar cuestionando acciones del gobierno israelí, es ingresar -sin quererlo- en un remolino ingobernable, como el de los tornados caribeños. Israel, en su actual gestión, podrá acumular cifras record de bajas de sus “enemigos” – en Gaza, Irán o Líbano- como logros de una precisa y contundente gestión bélica a la par que se empecinará en colonizar Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este para “inflar el mapa de Israel”. Pero lo que hace es consolidar los resortes que generan los enfrentamientos que serán el día a día de los israelíes. Y de los palestinos. Demasiado tiempo sin nada bueno a la vista. Tajante la posición del gobierno: “No a los dos estados. No a una Palestina-Nación. Está teniendo su costo.
Valioso aporte
El 28/06/2025 Alejandro Katz, editor, ensayista, profesor de la UBA desde 1992, licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Autónoma de México, publicó una columna en La Nación. “No en mi nombre, no en nuestro nombre”. Ni el horror del ataque de Hamas del 7 de octubre justifica lo que el Estado de Israel hace en Gaza. Nunca hasta hoy había hablado como judío. Intenté hacerlo siempre como ciudadano, como un igual entre iguales, como alguien preocupado por lo que nos es común, tratando de respetar la palabra, de reconocerla como el bien más preciado de nuestra humanidad compartida, lo que nos hace ser lo que somos al instituirnos como individuos que son con los otros, en tanto reconocen y son reconocidos. Fui educado como judío; no fui educado en el judaísmo, no en esa versión del judaísmo que implica las formas, sagradas o profanas, de pertenencia a la tribu, sino el judaísmo que se confunde con aquello que, imprecisamente pero sin vacilar, entendemos como humanismo.
No es una exculpación, es la distinción que introduce preguntas: ¿hay algo en el judaísmo que explica lo que está haciendo el Estado de Israel? ¿O es acaso en la conversión de un pueblo en un Estado donde esa explicación se encuentra? También la pregunta más urgente: ¿cómo poner fin al horror, ya?